FILOSOFIAS AJENAS
El subconsciente:
El subconsciente tiene mejor retentiva que la memoria y en muchos casos mas que los sentidos, pero hay personas que cuando saben cabalgar sobre el y lo entienden mas con percepción que con conciencia se ven profundamente amarrados y dependientes sobre su atropellada existencia, tanto que no pueden salir de su difícil naufragio. Y hay personas que poseen la facilidad natural de conectar los sentimientos con el subconsciente; ese es mi caso; y cuando la sensibilidad subyugada posee plena capacidad reflexiva el ser humano vive infeliz e intranquilo. La alegría de la vida no puede desligarse de los hilos que tiene la motivación causada por la interacción entre las personas; la soledad amarra las escenas rescatables del pasado mientras que la nostalgia sustrae los detalles, las voces, los gestos y los lugares; emancipando al sentimiento en su altar nebuloso. Siempre queda una variante por fuera, y es el deseo de repetición. (El disfraz de sinvergüenza de la moralidad inexcusable). El presente no es más que un estado mental más, una física mutable llena de conexiones respirables que nos presa dentro de lo carnal y doloroso. El corazón no es más que la chatarrería de nuestra presencia, el cuarto de recuperación o de reciclaje que cuando la costumbre le hace bien su tarea resulta mejor materia prima la tristeza que la alegría o el amor. Esa es la necesidad misma de todo y cuanto pretendemos abarcar y amontonar. Los hechos salidos a flote en momentos espontáneos o incluso los recuerdos o las sensaciones que creemos ya haber tenido dejan de ser irrealmente piedra y nos despierta a lo que podemos llamar vida. Al desligamiento total de todas las aptitudes. No nos damos cuenta pero es el generador de muchas de las satisfacciones que tenemos.
Semana santa
Ahora extraño las épocas mas falsas de mi vida como las semanas santas de mi infancia, en donde podía mirar las películas de Jesucristo con emoción infinita, y sentir pasión y tranquilidad y regocijo; aun todo era sueño y de esa irrealidad no había despertado, no había fuga de mi plena conciencia actual. Recuerdo la alegría entre los vecinos en montería, el intercambio de comidas típicas, la amabilidad entre las familias y el ambiente de alegría de todo un pueblo. En mi ensimismamiento de entonces mi reflexión era de aceptación total al tiempo y la costumbre religiosa de aquella existencia. Duele sentir que el eterno pensamiento también tiene la capacidad de hacernos veteranos y de filtrarnos por medio de los nuevos influjos del ser imparcial que uno llega a ser algún día. Amaba tanto las semanas santas, su soledad, su promiscua pasividad que cubría la hipocresía de las personas. Solo dos cosas detestaba de ellas y era la clásica obligación de asistir a sus actos religiosos como misas especiales o procesiones y el sacrificio injusto de las hicoteas en una inmensa olla con agua que colocaban a hervir hasta matarlas, me partía el alma escuchar la agonía de estos animalitos que rasgaban la superficie de aluminio con sus patas. Después veía en la basura de la cocina sus caparazones, sus huesos, sus tripas. Que ignorancia tan estúpida la de mi familia todos esos años.
Bueno, supongo que los años y mi claridad interna me han llevado a una creencia y percepción diferente; tanto que la apatía aparece devorando la pasión por la mayoría de las épocas espirituales. Dios es el personaje principal de esta época la cual ya me da lo mismo. ¿Cómo puede una persona como yo que le desea la muerte a muchos tipos de personas creer en Dios si siente que Dios no tiene ninguna influencia en el?
Felicidad
Uno de los peores enemigos de la felicidad no son la tristeza o el odio o la pobreza, sino el aburrimiento. Miles de veces suele suceder que nos sentimos realmente vivos cuando experimentamos decepción hacia algo o alguien que cuando sentimos amor o alegría. La felicidad debe dejar de ser codiciada como un bien individual y debe empezar a ser apreciada como una mentalidad esencial. A lo largo de mi vida contemplé artificialmente cada cosa y cada sentimiento como un segundo plano; por eso encomendé al azar emprender una búsqueda independiente de mi felicidad mientras yo estuviera desprendido de esta casual preocupación dando lugar a los hechos de mi existencia en orden de importancia. El azar solo me ha traído restos o pedazos que suelo amontonar en mis recuerdos y así, aunque no sea por azar nadie ha podido probar que es totalmente feliz, fuera de si es imposible; no hay evidencia suprema. Ya sabemos por supuesto que la felicidad es intermitente y tiene lapsos de tiempo y su plenitud es equidistante. La espiritualidad es oscura, la religión es una rama de ella y no tiene misterios por si misma sino empleados o inyectados por el hombre desde sus comienzos. Cualquiera tiene derecho a ver esto demasiado complicado como siempre ha sido o infinitamente sencillo; yo escojo mitad y mitad de cada uno para afirmar que esa oscuridad es valida en todos sus sentidos sino esta amarrada al demonio de la hipocresía. Allí es donde entra la idea de Dios como personaje de dominio publico, como una fuerza irreversible que se debate entre el bien y el mal para emancipar o incrementar la intranquila idea del ser feliz. Toda opción es fácil de tomar y relativamente llevable para monetizar. La prosperidad, la independencia material, el amor familiar, el amor a la pareja son inexcusables concepciones que saltan de épocas en épocas en nuestras vidas; no necesitamos la ceguera total, por lo tanto siempre estamos inconformes y necesitamos más de lo que creemos. El amor es el medio para la confianza, para creer que somos felices pero todo es influenciable desde el exterior; las injusticias en el mundo necesitan dolientes y casi todos los somos naturalmente. En muchas ramas, de muchos modos y con diversas condiciones podemos alcanzar la felicidad y muchos saben como alcanzarla pero no pueden hacerlo debido al egoísmo solitario y a la inconformidad o inseguridad de no compartirla. Las grandes tragedias y los profundos problemas personales físicos o sentimentales son la barrera que todo lo subestima y que nos quitan la posibilidad y la vitalidad. No podemos ser feliz solos, no podemos ser felices cuando ya se ha vuelto demasiado tarde, cuando la impotencia existencial ha cavado profundo en contra de nuestros principios; otros tienen sencillamente temor de arriesgar algo seguro para mejorar su paz a medias y muchos ya están acostumbrados a ciertos mediocrísimos. Cuando niños fuimos felices porque teníamos conciencia diferente sobre la realidad, no teníamos preocupaciones ni sentimientos maduros pero en realidad los niños que fuimos eran personas independientes de nosotros y nuestros creadores de cierto modo; no dejamos de ser niños porque nunca lo fuimos; esos niños nos implantaron y depositaron sus sentimientos y recuerdos en nosotros; nos abandonaron un día y todavía los recordamos. No se puede pensar que la felicidad es el matrimonio o una pajera o el éxito profesional, terminar una carrera y saber lo mas que se pueda sobre un tema o filosofía para utilizarlo como un mecanismo de defensa, tener un buen trabajo y un nombre respetable; tener riquezas, tener dependencias, hacer felices a las personas sin sentir una retrasmisión de esa alegría. Esas son solo satisfacciones que mejoran la calidad de vida; solo eso. Cuando uno mantiene por fin un equilibrio de conciencia y no olvido con respecto al mundo y, lo que sucede en el y en esa balanza caben la gratitud, la tristeza y la alegría sin importar la inseguridad del alma con respecto a la espiritualidad, cuando en esa balanza también esta la vida cotidiana en constante retransmisión de placenteros espacios de tiempo entre todos los tipos de personas entonces florece la pasión que es la llave a la inmunidad de toda imperfección humana e existencial; entonces podemos vivir los caprichos del mundo; vivir en el campo o en la ciudad, ser profesionales, padres, hijos, ricos, pobres, lo que se quiera; la felicidad evoluciona y hace autostop siempre permitiendo que valla o venga cualquier influjo espiritual o material. Por eso es a nuestra percepción todo el tiempo tan vacía, pero no es así, solo es fluctuante y tenemos la capacidad de capturarla y apechugarla cuando queramos. Todo es cuestión de determinación y entendimiento. Tener un hijo, casarse, lograr un objetivo, una hábito diferente, completar un sentimiento son puntos de partida para ser felices y esos puntos de referencias o partidas están en todo, en todo lo que podamos vivir por mas malo o bueno que sea. Bien, la posibilidad en la mayoría de los casos es terrenal, por eso es más difícil que las personas sean felices en sus hogares, volviéndose viejas encerradas en cuatro paredes sin la expectativa multiplicada de salir al mundo y llenar su corazón de nuevas experiencias. Existe también la dificultad del malgenio natural; este hace relativo la alegría común; por ejemplo la de un hogar, lo que encierra la primavera de la alegría. Mi idea de felicidad esta hecha de una total inclinación hacia el deseo de mejora universal; por eso es esquiva su finalidad; hay personas que han nacido para ser lo que son. Yo no acepto una felicidad tranquila en cuanto hacia la desastrosa tendencia del ser humano; la decepción, el rencor, el dolor producido por cada sufrimiento que me rodea forjó un aburrimiento determinante en mí y por lo tanto aíslo voluntariamente toda evolución de la alegría plena hasta que exista un punto sano de partida en el que la conciencia misma me permita una libertad reciproca. Lo que hacemos no es lo que somos y no podemos hacer de la tristeza un oficio. Por eso buscamos refugios; Dios mismo en una alternativa de apaciguamiento, como también el libre albedrio, por eso los fervientes y devotos creen tener una alegría envidiable, pero no es una alegría sino una tranquilidad envidiable y esa tranquilidad no es más que un egoísmo marginal. Creemos entenderlo todo pero jamás un hombre afirmó encontrar la felicidad total sin tener ninguna duda en el. No hay libros donde buscar ni personas que escuchar; pero si hay estados mentales y propiedades espirituales; cosas bellas que debemos hacer como mutuas; hay misiones y contribuciones, Superficies a nuestro alrededor, sensaciones, colores, alteraciones; cosas bellas que nos rodean y simples. Puntos de partidas, puntos de referencias y germinaciones. La felicidad personal depende de la felicidad general y del la forma en que halla mutado su instinto.
Ciertas personas
Hay personas que hablan mucho de ti y no saben nada de tu vida, hay personas que te recomiendan miles de cosas y en realidad no tienen ni idea que es lo que te conviene, hay personas que dicen que te conocen y jamás entenderán siquiera un poco de tu ser. Y hay personas que con una sola charla, con una sola palabra descifraran el duro trance en el que se convirtió tu existencia. Tú no escoges a tus amigos y aun con el gran afecto que les tienes no se ganaran nunca tu confianza. Los amigos de fiar nunca te mostraran nunca una intriga y es porque no saben que es eso. Los amigos te nacerán para ti y tú sentirás que es magnetismo o azar. De cierto modo y en gran parte la lealtad esta basada en el desinterés hacia lo que tiene que seleccionar la gente para tu futuro o bienestar. Los buenos amigos no tienen porque participar en eso y cuando lo hacen en realidad no son lo que esperabas y se vuelven prójimos que te producen nauseas y te parecen asquerosos. No hay nada peor que el entremetimiento sin permiso. Estoy de acuerdo en que las personas hagan lo que le plazcan dentro de sus buenas intenciones. No siento ningún respeto por los metiches que ya están advertidos de su primer error; y es que las personas no conocen tus sentimientos ni tus pensamientos o intenciones si tú no se los has transmitido. Estoy harto de ese tipo de individuos, quisiera que la mitad de ellos se murieran y a la otra mitad quisiera romperles la cara porque ellos no podrían aceptar nada bueno de tu persona sabiendo que tienes excelentes características de vida. En mi caso solo tres o cuatro en total saben como soy enteramente; ese porcentaje es igual a casi nadie.
Muchos solo te frecuentan y recuerdan tus errores y tus prejuicios y sus mentalidades les son como la negación, es decir, ingratas. Casi nunca saben que transcurre en tu presente, que haz hecho; le ponen futuro y porvenir a tu risa que quizás fue escuchada por teléfono hace algún tiempo y aun así creen que eso es lo que eres (la idea que tienen de ti). Es una estupidez. Gran parte de la inteligencia es alimentada de la competencia y de la tendencia a lo egocéntrico; yo estoy exaltado de todo eso, no necesito la buena fe de nadie, ni de consejería irritante o absurda que insiste en alojarse en mi contradiciéndose, no necesito que nadie me enseñe ningún tonto camino al igual que sabidurías aprendidas en libros o doctrinas que se han pasado de mano en mano durante la historia mas bruta; nunca nadie puede tampoco darme un oficio o dignarse a enseñarme a comprender las cosas, a encomendarme una labor que ha de convenirme. No soy lo que han visto en mi carne o en mi mirada o han escuchado de mi boca. Que se den cuenta que cada quien es mas que un comentario.
Y después que vengan y lean cuando yo muera las líneas que he escrito durante y a través de mi vida y entenderán que sus vidas estuvieron llenas de falsas percepciones. A mi no me importa un bledo si lo hacen.
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