
No son películas, ni instantes prófugos de la memoria
ni pasajes que el tiempo brinda cuando regalo mi mirada.
Son escenas engranadas peligrosamente, fugaces sensaciones adjuntas
que se amontonan en las primeras agriuras del día
cuando me dirijo a mi trabajo y supongo que el existir es cosa pálida,
cuando me desboco y me doy cuenta
que el existir no tiene nada de malo
que es mi alma la que tiene un corto circuito en su estancia.
Entonces las esquinas, aun oscuras
Ganan plenitud a costillas mías
Y yo que ando con furia
me detengo a escribir estas palabras
que ningún otro tuvo en su gloria
ni escribirán mejor sintiendo envidia…
aceras pálidas, sombras torcidas,
destellos de lerdos amaneceres
algunos rostros bajo las sombras
que habitan siempre bajo los puentes
o a escondidas entre las ramas del infierno
siempre frio, todas las cosas frías
en mi andar diario, en mi respirar ungido;
minutos que aplasto con mis pasos silenciosos
en esas madrugadas pesadas de trabajo
cuando no existe un amigo
y uno ve que el cosmos es mejor extinto,
y que es un tesoro en el olvido
es allí cuando esas aceras pálidas
me hacen sentir que estoy un poco vivo
pero que también estoy un poco muerto
que mi designio fue concebido
por los presagios malintencionados del destino.
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