
Hace algún tiempo en una noche decadente
se me acerco un guerrero vendedor de poemas
eran fotocopias de sus líneas y versos conocidos de la historia.
Cualquier moneda no más costaban sus poesías,
yo le di doscientos y también un escrito mío
pues él propuso sacarles fotocopias y venderlos
¡que ironía!
Y que poder me pareció eso y que alegría…
Resulta
que volví a verlo y efectivamente cumplía
su palabra y me enseño un soneto de mi autoría
que se llama
poesía para una puta desagradecida;
una fotocopia vaga y arrugada
que yo le di como cosa mía.
Ahora pienso que este hippie de Antioquia
vago y forastero es mi editor autorizado
no porque no me cobre por publica mis poesías
sino porque él como yo es un poeta de la calle
porque va de persona en persona
en avenidas, bares, reuniones
interrumpiendo charlas, recibiendo cigarros y bebidas
para vender mis pobres letras
que estan olvidadas en la senda vacia
de una odisea a la que llamo "vida".
No hay comentarios:
Publicar un comentario