lunes, 6 de julio de 2009

MEDELLIN DE CRISTAL (NARVAL VIANNI)


UNA NOCHE EN MEDELLIN

Cae sobre Medellín una noche ajena,
un andar de esquinas cóncavas
y cae sobre la estación santa lucia
la misma infancia de esmeralda,
su brillante inocencia de maquina,
parecida a la repentina ausencia.
Produce sobre estas vidas
una prisa extraña,
una rutina que para mi no es misteriosa,
y mientras que estoy al pie de la montaña
el pasar de los trenes zarandea mis líneas,
mueve mi papel como queriendo tallar historias,
yo no lo permito, sino que el viento haga su estancia,
las luces de la ciudad en cada casa,
lejanas sus almas y sus fantasmas,
es primavera,
el roció hace agua y humedece la fiesta,
talleres, panaderías, las frutas, restaurantes, heladerías
el semáforo en verde, vigila el policía.
Esta es mi vida en la soledad de mi balcón,
donde debí nacer inexorable es mi sombra,
extirpa mis costas con olas imaginarias,
extraño el mar y su sagrada estigma
pero no importa, el poeta debe partir
y en tristeza repartida someterse a estas cosas,
suena una campana, una melodía en otra esquina
una ranchera de quien brinda con tequila.
Vibra la materia no es esquiva,
en su equilibrio indiscreto juega sus cartas.
Aquí estoy ahora, el frió enternece con nostalgia,
es una noche cualquiera,
pero todas las noches son iguales,
mi madre con su telenovela,
mi hermana se arregla las uñas,
y mi padre siempre de viaje.
Remato mi lírica en mi memoria,
¡Que diablos!
Hoy no hay llamadas ni línea telefónica.
Tomo una cerveza y mis parpados se desvelan,
si mi mujer estuviera, pero es mi amiga
acabo de hacerle el amor
Y se dirige a su casa
y sigue la prisa citadina, monótona
en este valle de agridulce mirada
y sigo mirando y diviso tus sombras.

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